miércoles, 10 de octubre de 2018

Cuando el cuerpo habla lo que la mente calla (Parte II)


Ya conocemos el proceso de somatización, su naturaleza y su sintomatología más frecuente. Sin embargo, ¿qué personas son más propensas a tener problemas de somatización? ¿Hay alguna forma de evitar somatizar? ¿Cuál es el mejor tratamiento? En el siguiente artículo terminaremos de conocer este molesto proceso, que a tantos preocupa, y trataremos de darle una solución.

Las víctimas favoritas de la somatización
Algunos rasgos de la personalidad y la exposición puntual o constante bajo unas determinadas circunstancias o situaciones, hace que algunas personas tengan más posibilidades de tener más problemas de somatización que otras. Entre ellos podemos encontrar:

  • El proceso de somatización suele manifestarse de manera más frecuentemente en mujeres, aunque varía en función de las culturas.
  • La somatizaciónel estrés suelen estar estrechamente vinculados, e incluso manifestarse a la vez.
  • Cuestiones relativas a la personalidad, como una alta afectividad negativa -personas muy propensas a experimentar ansiedad e insatisfacción personal-, egocéntricas, perfeccionistas dependientes en sus relaciones sociales.
  • Suelen ser individuos con emociones muy negativaspesimistas y con tendencia al catastrofismo.
  • Frustración al haber realizado diversas pruebas diagnósticas y recurrir a diferentes tratamientos sin encontrar explicación a su problema.
  • Se han observado muchos casos de somatización en personas que padecen algún trastorno psicológico como ansiedad y/o depresión.
  • Aquellas personas con las defensas más bajas pueden sentir que no poseen el control sobre su cuerpo, y esto les hace sentirse más vulnerables a enfermar o a estar enfermos.

¿Puedo dejar de somatizar los problemas?
El cuerpo humano es una máquina casi perfecta. Tanto es así que cuando existe algún tipo de anomalía en nuestro interior nos manda señales para que le prestemos atención ¿Cómo debemos actuar cuando nuestro organismo nos manda señales?

  • Muchas veces podemos comprender cómo nos sentimos y por qué hemos llegado a esta sensación con una perspectiva diferente, analizando las causas del malestar.
  • Adopta una actitud positiva ante cualquier adversidad, sí, pero también a diario. Todos podemos sacar un pequeño rato para nosotros, para disfrutar, darnos un capricho o recompensa. Ayudar a las personas de nuestro alrededor –pareja, familiares o amigos- también nos hará sentir mejor, porque nos sentimos útiles para los demás.
  • Todo el mundo recomienda hacer frente a los problemas y plantarles cara… Pero si te aterra esquiar y experimentas estos síntomas antes, durante y después de hacerlo, no vayas. Evitar la causa del malestar te ayudará a calmarte, siempre y cuando sea evitable.
  • Debemos llamar a las cosas por su nombre, ya que hacerlo nos ayuda a localizar el problema en esa sopa de ansiedad, malestar e incluso desesperación que causa la somatización.
  • Un modo de vida sano y ordenado, con horarios fijos y las suficientes horas de descanso es fundamental para recuperarte. Salir más con tus amigos, el contacto con familiares y otras personas, o el ejercicio físico y el contacto con la naturaleza, te resultarán de gran ayuda.
  • Minimiza las emociones negativas tratando de adoptar una actitud generosa y tolerante, utilizando a menudo el perdón hacia los demás y hacia ti mismo y dejando de lado el rencor.
  • Llora. No reprimas tus sentimientos. Hazlo solo o en compañía, pero desahogarte de este modo te ayudará a liberar el estrés acumulado. 

Por supuesto, hay tratamiento
Cuando el cuerpo manda una señal de alarma para modificar una determinada conducta o hábito, a veces puede manifestarse en forma de enfermedad. Del mismo modo que un coche se avería y un electrodoméstico empieza a fallar, la sintomatología indica que hay que reparar algo en tu organismo o que una función ha dejado de ser tal.

Por este motivo, en primer lugar, debemos detectar la situación problemática y tratar de solventarla en la mayor brevedad y con la máxima eficacia posibles. Es necesario entender la angustia de la persona que lo padece ya que, aunque su actitud pueda parecer exagerada, el sufrimiento es real.

La importantísima labor de los psicólogos en las enfermedades y problemas psicosomáticos es de vital importancia. De hecho, el tratamiento cognitivo-conductual resulta clave para alcanzar unos buenos resultados. Debemos elaborar estrategias para que la persona sea capaz de enfrentarse a las causas de ese proceso de somatización. Además, la práctica de métodos de relajación y trabajar la exposición y resolución de problemas resulta de gran ayuda.